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El muro del maratoniano
Episodio en francés. El texto completo se puede leer más abajo en español.

El texto del episodio
Bienvenido a Herba Barona, tienda de complementos alimenticios en París. Cada episodio cuenta una historia que se conoce mal, y usted se lleva una cosa que recordar. Hoy, continuación de nuestra serie sobre las mitocondrias: el deporte. Y una historia que todos los corredores conocen.
El kilómetro treinta
Todos los maratonianos lo conocen. Llega hacia el kilómetro treinta. Lo llaman «el muro».
Un corredor que iba bien, zancada regular, cabeza clara, y de pronto, en unos cientos de metros, las piernas se vuelven de hormigón, el cerebro se llena de niebla, cada paso se convierte en una negociación. No es cansancio corriente. Es una avería. Una avería de combustible.
Y para entender lo que pasa hay que bajar al músculo, hasta las centrales energéticas de la célula: las mitocondrias.
Dos combustibles
Un músculo que trabaja es un consumidor de ATP, la moneda energética del cuerpo. Cuando mueve el brazo, gasta miles de millones de moléculas de ATP. Y el ATP no se almacena: hay que fabricarlo de forma continua, en el momento mismo en que se gasta. De eso se encargan las mitocondrias, con dos combustibles principales: el azúcar, rápido pero limitado, y la grasa, reserva inmensa pero más lenta de quemar.
El muro del maratoniano es el momento en que las reservas de azúcar se agotan y el cuerpo tiene que pasar a la grasa. En el corredor mal preparado, el cambio se hace mal. En el corredor entrenado, se hace con suavidad. ¿La diferencia entre ambos? En gran parte… el número y la calidad de sus mitocondrias.

La biogénesis mitocondrial
Porque ese es el secreto mejor guardado de la resistencia: el entrenamiento no solo desarrolla músculo. Empuja a sus células musculares a construir nuevas mitocondrias. El fenómeno tiene un nombre magnífico: la biogénesis mitocondrial. Literalmente, el nacimiento de nuevas centrales. Cada salida un poco larga, cada sesión en la que va ligeramente sin aliento pero es capaz de aguantar, envía el mismo mensaje a sus músculos: «Nos faltan centrales. Construid». Y el músculo obedece. Un atleta de resistencia puede tener, en las mismas fibras musculares, una densidad de mitocondrias muy superior a la de una persona sedentaria.
Por eso un principiante sufre donde un habitual se pasea. No es cuestión de voluntad. Uno circula con una central de pueblo, el otro con todo un parque de producción.
En los dos sentidos
Y lo contrario también es cierto. La inactividad funde ese parque. Unas semanas de parón completo y las centrales se desmontan: el cuerpo no conserva lo que no sirve. La buena noticia es que la puerta se abre en los dos sentidos y a cualquier edad: caminar rápido, la bicicleta, la natación, subir escaleras… todo lo que deja un poco sin aliento, de forma regular, reactiva la obra.
En el fondo, el deporte de resistencia es quizá la única actividad humana en la que uno construye, literalmente, energía para más adelante.
El muro del kilómetro treinta, por su parte, no se ha movido. Pero cuanto mayor es su parque de centrales… más se aleja el muro.
Este ha sido un episodio del podcast Herba Barona, grabado en París. Hasta pronto.